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Ernest Shackleton

¿Por qué Shackleton?

Tripulación de Endurance liderada por Ernest Shackleton

Para transmitir de forma sencilla los valores y el ideario del SHACKLETON INTERNATIONAL SCHOOL, creemos en la importancia y utilidad de tener referentes claros y universales que motiven e inspiren, y que ayuden a definir y sintetizar los objetivos a los que aspiramos en nuestro proyecto docente.

Por ello, nos hemos apoyado en la figura del explorador polar Ernest Shackleton y en la increíble hazaña de la expedición del Endurance que vivieron él y su tripulación, tras quedar su barco atrapado y ser destruido por el hielo de la Antártida, hace ya más de un siglo.

La emoción que nos transmite esta extraordinaria aventura y la admiración que tenemos hacia la figura de su líder, Shackleton, nos ha ayudado a focalizar y desarrollar nuestro modelo de enseñanza y los valores, conocimientos y aptitudes que queremos transmitir a nuestros alumnos y en general a la comunidad educativa que formamos.

Así, esta historia real representa para nosotros una experiencia vital muy inspiradora, de la que se pueden extraer valiosas enseñanzas, y nos ayuda a reflexionar sobre el liderazgo colaborativo y los atributos de un buen líder, sus habilidades y conocimientos para conformar un equipo leal y de alto rendimiento, además de incidir en muchos valores positivos acordes con nuestro ideal de persona, tales como la resiliencia, la adaptabilidad, la curiosidad y valentía, la perseverancia, el compañerismo, la responsabilidad, la asertividad, etc.

El legado de Ernest Shackleton

El 8 de agosto de 1914 el intrépido explorador Ernest Shackleton, que había participado entre otras, en la expedición de Scott para alcanzar el Polo Sur, se embarcó en Plymouth (Inglaterra) junto a su equipo de marineros y científicos, en el intento de realizar la primera travesía de la Antártida de costa a costa.

En enero de 1915, la nave quedó atrapada en el hielo comprimido a su alrededor por la fuerza de la corriente de aire, en el Mar de Weddell. Tras diez meses retenidos en una enorme masa de hielo, finalmente el barco quedó aplastado y destrozado, hundiéndose el 21 de noviembre de 1915. Después de 5 meses más acampados en la superficie congelada, en abril de 1916, los miembros de la expedición emprenden un viaje épico en trineo atravesando el helado Mar de Weddell y posteriormente en bote hasta la Isla Elefante, en el archipiélago de las Islas Shetland del Sur. Milagrosamente, toda la tripulación sobrevivió.

Poco después de llegar a Isla Elefante, Shackleton y cinco miembros de la tripulación zarparon de nuevo en un pequeño bote de 6,7 m de eslora a través del tormentoso Atlántico Sur rumbo a Georgia del Sur en busca de ayuda. Les esperaba un arriesgadísimo trayecto de más de 1.200 kilómetros y que posiblemente no tiene rival en la historia de la navegación.

Lo lograron, y después de atravesar de parte a parte la cordillera de la inhóspita isla de Georgia del Sur hasta la base ballenera de Grytviken, pudieron dar a conocer la odisea que vivieron, y regresar a la Isla Elefante en agosto de 1916 para llevar a tierra firme a los 22 hombres que quedaron atrás.

La crónica de esta extraordinaria expedición representa una historia sin igual en los anales de la supervivencia: el barco, el Endurance, destrozado por la presión de los hielos que circundan la Antártida, la tripulación abandonada a su suerte en medio del helado Mar de Weddell, arriesgados viajes en barcas a través de las tormentas del Océano Antártico, un puñado de seres humanos luchando durante largos meses contra el frío, el hambre y el desánimo, al límite de la capacidad humana en las situaciones más extremas.

Sin embargo, día tras día a lo largo de esta angustiosa aventura, Shackleton guió a su equipo dando pruebas de un ánimo, una determinación, una creatividad y una perspicacia inigualables.

Así, este viaje fue una proeza asombrosa no sólo porque todos sus tripulantes consiguieron regresar vivos, sino por el excepcional liderazgo y trabajo en equipo que se vivieron durante todo el tiempo que duró la aventura. El hecho es que, además de sobrevivir, lo lograron con un nivel extraordinario de atención y camaradería, convirtiendo así una malograda misión en un éxito sin precedentes.

La actuación de Ernest Shackleton durante toda esta aventura ofrece una lección de liderazgo y de cooperación de especial valor en nuestro entorno actual, un entorno vital cada vez más complejo, expandido e impredecible, y que requiere de nuevos planteamientos, nuevas formas de aprender y comunicarse, y donde se hace más necesario que nunca crear valor y conocimiento, sin renunciar a nuestra humanidad y a nuestra ética.

En estos tiempos de desequilibrio, incertidumbre e interdependencia constante –tiempos líquidos en palabras del sociólogo Zygmun Bauman-, la extraordinaria hazaña del explorador Ernest Shackleton y su expedición del Endurance, a pesar del tiempo transcurrido, es de rabiosa actualidad, y nos sirve de referencia para entender el entorno complejo y disruptivo en el que nos encontramos, y así aprender a desenvolvernos en él.

Al igual que hace más de 100 años en las heladas aguas del polo sur, esta nueva realidad líquida requiere de nuevos líderes, líderes de carácter adaptativo, responsables y comprometidos que, como Shackleton, sepan navegar entre la incertidumbre y la transformación continua, y proporcionar soluciones creativas – y distintas a las habituales- a los nuevos desafíos que se nos plantean.