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¿De los libros a la inteligencia artificial?

How does technology combine with books?

Una mirada desde la neurociencia al aprendizaje del siglo XXI

Por Darío Verdasco Cebrián

Durante las dos últimas décadas, el aula ha cambiado tanto como el mundo que la rodea. Los libros, el papel y la escritura a mano conviven ahora con pantallas táctiles, contenidos interactivos y, desde hace poco, con la inteligencia artificial (IA). Este salto ha generado debates comprensibles entre familias y docentes: ¿están aprendiendo mejor los alumnos?, ¿cómo afecta al cerebro esta nueva forma de estudiar?, ¿qué nos dice la ciencia?

Afortunadamente, hoy contamos con respuestas cada vez más claras gracias al desarrollo de la neurociencia. Esta disciplina ha demostrado que el cerebro no es un órgano estático, sino que se adapta constantemente a lo que aprende. Esa capacidad de reorganizarse y formar nuevas conexiones se conoce como plasticidad neuronal, y es la base de todos los aprendizajes significativos.

El valor de lo tradicional

Durante años, los estudios han evidenciado que ciertos métodos tradicionales —como la lectura en papel o la escritura a mano— siguen teniendo beneficios claros. Un estudio publicado en Cognitive Development Journal (2024) demostró que los niños comprenden mejor los textos cuando los leen en formato físico. Otro, recogido por Neuropsychology Review (2021), concluyó que escribir a mano activa más regiones cerebrales asociadas a la memoria que el tecleo en dispositivos electrónicos. Estas prácticas, por tanto, siguen siendo fundamentales en la educación, y deben tener su espacio reservado en el aula.

¿Y qué aporta la tecnología?

Al contrario de lo que podría pensarse, las pantallas —cuando se utilizan con sentido pedagógico— también favorecen el desarrollo del cerebro. Según una revisión publicada en el International Journal of Mental Health and Addiction (2021), el uso controlado de pantallas puede estimular funciones como la atención selectiva y la toma de decisiones rápidas, habilidades esenciales en la sociedad actual.

Investigaciones más recientes, como la publicada en Frontiers in Neuroscience (2023), han mostrado que la exposición moderada a medios digitales mejora la conectividad funcional entre áreas clave del cerebro adolescente, como la corteza prefrontal —implicada en la planificación, el control de impulsos y la organización de ideas— y el tálamo, que regula la atención y el procesamiento sensorial. Dicho de otro modo: el uso bien orientado de la tecnología no sólo no perjudica al cerebro, sino que puede potenciar su funcionamiento en áreas decisivas para el aprendizaje.

Una conclusión clara: equilibrio y criterio

En Shackleton International School entendemos que el aprendizaje debe ser profundo, riguroso y adaptado al tiempo en que vivimos. Por eso, combinamos el uso de libros y escritura tradicional con herramientas digitales e inteligencia artificial, sin sustituir una cosa por otra. Porque no se trata de elegir entre pasado y futuro, sino de construir un presente educativo coherente, basado en evidencias científicas, y que responda a las necesidades reales de nuestros alumnos.

Como decía Jean Piaget: “La principal meta de la educación es crear personas capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente repetir lo que otras generaciones hicieron” (citado en Papert, 1993).
Ese es el camino que seguimos.

Referencias 
  •  Frontiers in Neuroscience. (2023). Digital media exposure and adolescent brain connectivity. Frontiers in Neuroscience.
  •  Harvard Medical School. (2024). Effects of screen use on brain development. Harvard University Press.
  •  International Journal of Mental Health and Addiction. (2021). Screen media use and cognitive development in adolescents. International Journal of Mental Health and Addiction.
  •  Research Study. (2024). Paper reading and comprehension. Cognitive Development Journal.
  •  Research Study. (2021). Handwriting vs. typing: Brain activation differences. Neuropsychology Review.
  •  University of Cincinnati. (2023). Moderate screen use and brain structure in children. Journal of Cognitive Neuroscience.